Centro Ecuestre

A Jose, por su confianza…

Tívoli

     Saliste relinchando al campo, al cielo,

retabas tu potencia y alegría,

era tu cuello un arco de porfía

y tu trote era un paso de alto vuelo.

     Tienes nombre romano y fontanelo,

Tívoli, que acentúa valentía,

y el aire en tu galope estremecía

mi cuerpo y alma juntos, lo desvelo.

     Aromas de pinar han anegado

pulmones, ojos, poros del jinete;

azul y jara, verde y entoldado

     amor y Dios juntaban en rehilete

que clava en mi pasión agradecida

tu bella estampa torda de por vida.

(Pablo Beltrán)

Tívoli amado

       En la finca La Galinda

  estabulan un caballo,

  -Tívoli tiene por nombre,

  Tívoli el bien nombrado-

  que para cantar su gracia

  luchará el poeta en vano,

  y entresueña como puede

  romance de tiros largos.

       Vamos a cerrar los ojos

  y ver al caballo blanco,

  larga crin y guapa cola.

  Con su cuello moteado

  por caprichoso pincel

  tordo debemos llamarlo,

  y al ducharlo al sol sabréis

  que se nos torna azulado.

  ¡Oh cielos, qué bella estampa,

  con sus casi veinte años,

  tiene más brío que un potro

  y el temple de un veterano!

       Y ahora salid conmigo,

  los ojos siempre cerrados,

  a gozar Naturaleza

  por el bosque y por el campo.

  Ahí le viérais en el trote

  y aún en el trote largo

  qué regular y sereno,

  qué obediente belfo blando.

  Ahí sintiérais su galope,

  ritmo lento y vuelo alto,

  y no digamos tendido,

  sobre el campo cosechado,

  animándole el oído

  con silbillos braceados.

     … Descansa al paso feliz,

  consigo mismo y su amo,

  caballo y jinete a la vez

  ya se sienten sublimados.

  El hombre reza a su Dios,

  le agradece emocionado,

  y el corcél admira al bosque

  que domina resoplando.

  Quisiérais pasear el mundo,

  y acercaros a Santiago

  por bendecir animal

  de tal nobleza creado.

     Jose, Merce sean sus dueños,

  ¡qué dueños afortunados!

  pero Tívoli es de todos,

  así lo quiere su hado:

  todos sentimos lo mismo

  al ponernos a su lado;

  es feliz el que lo monta

  -gran placer es cabalgarlo-

  y los que no, sólo sueñan

  merecer un día tanto.

  Yo no he visto ni veré

  un caballo tan amado.

     (Del Oeste, en mi niñez,

  queda el mito de Solblanco,

  salvaje de las praderas

  por un cow boy bien domado.

  A Tívoli con amor

  a veces así le llamo).

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(Pablo Beltrán)

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