Centro Ecuestre

Un Franco de sueño

I. En La Galinda

   El potrillo impresionante

de alzada, y castaño pelo,

Franco recibió por nombre,

nombre de fuerte recuerdo,

pero Jose el propietario

no siente ningún complejo

y bautiza sinonimias

de noble, bizarro, abierto…

Por estos grandes valores

hace apuestas con el tiempo.

   El potrillo se hace potro,

crece cuadralbo y lucero,

el contorno equilibrado,

en la mirada, sereno,

justos cascos, largo lomo,

fuertes las ancas y el pecho:

requiere cuidada doma

tanto poder sometiendo.

   Sabiduría y paciencia

en equitación son méritos

 

para educar los equinos,

sacar lo que llevan dentro.

   Los potros deben mirar

la vida del picadero:

los caballos veteranos,

labor del maestro herrero,

cepillo, equipo, las duchas,

gritos de niños y estrépito,

los barullos de los grupos,

la carretilla del heno…

Primero desde la cuadra,

después un poste del centro,

y Franco, que es mestizo

de purasangres norteños,

inglés y hannoveriano,

todo se lo va aprendiendo.

   Él nació para la doma,

príncipe hijo del viento,

él creció para jinetes

que sepan jugar con fuego.

(Pablo Beltrán)

I I. La monta imposible

   Yo miraba de reojo

al caballazo ya hecho:

medio palmo se levanta

sobre todo el picadero,

y así a ojo les supera

en cinco arrobas de peso.

   Corre la voz de su fuerza

es alarma de respeto,

y sin poder evitarlo

de Franco tengo ya el sueño,

olvido limitaciones,

echo fuera todo miedo

y mi jinete interior

ya saborea el reto.

   Así pasan varios años

mientras dormita el anhelo,

unos años muy felices

que disfruto el privilegio

de Tívoli y Alcubilla

con mi hija de paseo.

   De repente este verano,

cuando ya muy mal me encuentro,

los sesenta ya cumplidos

y un estremecer de huesos

fracturados en las piernas,

ni equilibrio, ni resuello,

mira por dónde habla Jose

y retumba dentro un trueno:

“Tívoli para Patricia

y tú con Franco a rumbeo”.

   Cuando yo ya no soy yo

como el gitano moreno,

en un romance sonámbulo

a Jose me le prevengo.

   Pero el sabio caballista

me garantiza que puedo,

que si lo monta una chica,

cuanto mejor caballero.

   Imaginad qué emoción

desencadenó mi pecho.

(Pablo Beltrán)

I I I. La monta del sueño

   Tívoli salió bien ágil

y Franco más soñoliento

a cumplir un recorrido

que yo juzgaba discreto,

bosque al Este por camino

entre los pinos estrecho

de pasear y trotar

como precalentamiento

hasta virar hacia el Sur

por largo camino recto

llano para galopar

libre de impedimentos.

   Con Patricia disfrutando

cumplimos nuestro proyecto

y nadie piense que Tívoli

se dejó perder terreno

aunque tuvo ya bastante,

como caballo millero,

y en cambio Franco exultaba

todo su poder despierto.

   Ahí cumplía someterle

su ansia de beber el viento

en retorno hacia la cuadra,

que es el instinto del pienso;

ahí trotarle con mesura,

acompasar balanceo

de largo hannoveriano,

que no es cualquiera el esfuerzo,

y sobre todo soltarle

transmitiéndole sosiego

a su expresión tan vivaz,

tan feliz, por el bureo.

   Vuelve tranquilo el caballo,

cumple el jinete su sueño.

   Entre viñas de Ribera

y mieses de cosechero

de los árboles cercanos

llega el canto del jilguero.

   Hija y padre descabalgan

con el corazón contento.

(Pablo Beltrán)

Centauro

     Caballo Franco, tú, caballo franco,

caballo de la brisa sin refreno,

noble y curioso, tú, hannoveriano,

galope alegre y paso tan ligero.

     Sueñan tus genes pastos verdes, campo,

amas al hombre, odias los insectos,

suena en tu corazón un trote largo,

tu piel sensible necesita el viento.

     Alto y fuerte caballo de mi vida

dimensión animal, enigma humano,

al cabalgarte brota mi sonrisa

     y te propongo el pacto del centauro:

una sangre común, razón e instinto,

horizontes de sol, trigo, agua, vino.

(Pablo Beltrán, autor de los poemas)

(Pablo Beltrán)

Volver a galería

© La Galinda. 2015

Tlfno: 690211060

E-mail: info@lagalinda.es